Rendirá INAH homenaje al destacado restaurador Sergio Montero

Por Agencia | Fuente: NOTIMEX | 2010-11-18

Por sus cuarenta años de trayectoria que lo han llevado a ser un profesional en la disciplina de restauración, este jueves el INAH rendirá un homenaje a Sergio Montero

IMAGEN CORTESÍA DEL INAH 

CIUDAD DE MÉXICO, México, nov 17, 2010.- El restaurador Sergio Arturo Montero recibirá mañana un merecido homenaje por parte de la  comunidad académica del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), por sus 40 años de trayectoria y por ser un pilar en la profesionalización de esta disciplina.

A sus 73 años, el maestro recibirá un reconocimiento por parte de la  Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía "Manuel del Castillo Negrete" (ENCRyM), institución en la que a lo largo de varias décadas ha contribuido en la formación de varias generaciones de restauradores.

Además de recibir las afectuosas palabras de uno de sus alumnos, David Torres Castro; de otra más de sus discípulas, la maestra Carolusa González Tirado; así como del artista plástico, Gerardo Cantú; en la ENCRyM se develará una placa en honor del profesor Montero Alarcón.

Por las hábiles manos de Montero Alarcón han pasado para su conservación murales prehispánicos, coloniales y decimonónicos, así como aquellos realizados por grandes artistas del siglo XX como David Alfaro Siqueiros, Fermín Revueltas o Carlos Mérida, además de estelas mayas, templos mexicas, e inclusive las marionetas de Rosete Aranda.

Sergio Montero es uno de los fundadores de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), además de haber sido el primer restaurador del INAH con estudios de especialización.

Dichos estudios los realizó en la Escuela Superior de Artes Plásticas, Bratislava, en la entonces Checoslovaquia, de ahí que su nombre representa el pilar de la profesionalización de esta disciplina en México.

De acuerdo con Montero la base de un buen restaurador es la vocación, "pero también se requiere la historia para comprender la importancia de preservar el patrimonio cultural, si no hay conciencia de esto no se podrá hacer una buena conservación. Podrá ser un trabajador manual con muchas habilidades, sin embargo, aun con esas habilidades puede echarse a perder el objeto.

"Otro aspecto importante es tener las bases científicas para el conocimiento de los materiales, de cómo éstos pueden transformarse y alterarse con el tiempo, así como de los procesos que pueden ser utilizados para revertir esos daños", expresó.

Esas dos cosas, abundó, son fundamentales, así como las aptitudes manuales para resolverlo, hay veces que llegan aspirantes a restauradores con "una mano izquierda y otra siniestra".

Con la paciencia y generosidad que lo caracterizan, el restaurador comparte algunas de las experiencias acumuladas en más de 40 años de trayectoria, pero para entender su temprana inclinación por el arte, él retrocede a su infancia y a la influencia de su padre, el escritor, poeta y músico Marco Arturo Montero, nacido en Cuba.

En los años 30, instalado en México, el padre de Sergio Montero participó en la Orquesta de Julián Carrillo como violinista, tiempo después se dedicó a la capacitación del magisterio y como izquierdista, y sirvió de enlace entre los partidos Comunista Mexicano y Comunista Cubano.

Por otra parte, Marco Arturo Montero también se desempeñó como secretario de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, "ahí tuvo relación con toda la gente de la cultura en México, fue muy amigo de Siqueiros y de muchos de los artistas plásticos que podíamos llamar "La segunda generación del muralismo" quienes después serían sus maestros.

Luego de cursar brevemente la vocacional, Sergio Montero decidió desarrollar sus capacidades artísticas en la Escuela de Pintura y Escultura, "La Esmeralda", del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Posteriormente conseguiría una beca para la Escuela Superior de Artes Plásticas, en Checoslovaquia, donde se especializó en Restauración de Obras de Arte y Monumentos Históricos.

En 1962, de vuelta en México, le fue asignado un trabajo titánico que consistía en desprender y trasladar un mural de Fermín Revueltas, el cual estaba ubicado en el Centro de la Ciudad de México.

Tras una breve estancia en el INBA, Montero decidió abrir su propio taller, el cual cerró al poco tiempo debido a la escasez de trabajo.

Dicha situación lo empujó a buscar a Manuel del Castillo Negrete, quien en 1961 había fundado el Departamento de Catálogo y Restauración del INAH. "Fui a buscarlo y me di cuenta que él sabía de mí por el trabajo que realice en el mural de Revueltas, ese mismo día me dio trabajo como jefe de restauradores. Al poco tiempo se sumó un gran amigo, Jaime Cama".

A contracorriente, Montero siempre ha luchado por el reconocimiento de la restauración en México. Inicialmente y ante la premura del entonces presidente Adolfo López Mateos de abrir varios museos nacionales en 1964, "andábamos por ellos (los museos) pidiendo restaurar obras, lo que fuera su voluntad, como limosna. No nos creían, no tenían confianza".

Con el impulso de don Manuel del Castillo Negrete se firmó un convenio con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), para dar paso a la formación de jóvenes en aspectos relacionados con la preservación de los bienes muebles e inmuebles, de nuestro país.

Con ello se creó el primer programa académico, universitario, a fin de integrar cuadros especializados no sólo para México sino para el resto de Latinoamérica. Estos acuerdos, a su vez, proyectaron a la escuela -actualmente la ENCRyM- como un centro de vanguardia internacional en la restauración patrimonial.

"La idea que él tenía (Castillo Negrete) era la de formar restauradores en México, pero no había quien pudiera hacerlo. Apenas y se conocía la profesión como tal, en esas fechas quienes supuestamente hacían restauraciones eran personas que tenían negocios de marcos y cosas así".

Aunque retirado en la actualidad, Sergio Montero ultima la restauración de los murales costumbristas realizados en "La Moreña", una finca localizada en La Barca, Jalisco.

"Es uno de los trabajos que más emoción me ha causado porque las pinturas -que suman 500 metros cuadrados- son extraordinarias por su calidad y porque muestran la vida de la Ciudad de México a mediados del siglo XIX, algunas inspiradas en litografías de Casimiro Castro", apuntó.

Marionetas, muñecos japoneses y figuras de caballos, entre otras, se acomodan en los entrepaños de la sala de estar de su casa. Junto a la ventana sobresale una casa de muñecas hecha con exquisitez, "la hice para mi nieta", comentó el maestro Arturo Montero, dejando claro que la jubilación está lejos y que él nació para crear y restaurar.

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